Un zorro en mi té

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-Señora Doris, ¿quisiera acompañarme al jardín un momento, si es tan amable? -sugirió uno de los invitados de la reunión de la tarde.
La señora Doris apoyó la taza con delicadeza sobre el platito de porcelana blanca, sacudió la cuchara hasta que no hubieran más gotas en ella y le respondió:
-Discúlpeme, pero no he de poder cumplir su deseo. ¡Hay un zorro en mi té!